Archive for marzo, 2010

La ética del comer

Se ha predicho que el consumo mundial de carne se duplicará para el año 2020. Sin embargo, en Europa y América del Norte existe una creciente preocupación sobre la ética de cómo se producen la carne y los huevos. El consumo de ternera ha caído drásticamente desde que se conoció que para producir la así llamada ternera “blanca” (en realidad, rosa pálido), las crías recién nacidas son separadas de sus madres, deliberadamente se las vuelve anémicas, se les niega el acceso a forraje y se las mantiene en establos tan estrechos que no pueden caminar ni cambiar de orientación.

En Europa, la enfermedad de las vacas locas dejó impactada a mucha gente, no sólo porque hizo pedazos la imagen de la carne de vacuno como un alimento sano y seguro, sino porque se supo que la causa de la enfermedad fue la práctica de dar como alimento sesos y tejido nervioso de ovejas al ganado vacuno. Quienes ingenuamente creían que las vacas comían pasto descubrieron que el ganado vacuno obligado a comer en lotes de alimentación come desde maíz hasta pescado, residuos de pollo (incluidos sus excrementos) y desechos de los mataderos.

La preocupación sobre cómo tratamos a los animales está lejos de limitarse al pequeño porcentaje de personas que son vegetarianas y veganas, es decir, que no comen ningún producto animal. A pesar de los sólidos argumentos éticos del vegetarianismo, todavía no es una posición generalizada. Más común es la opinión de que se justifica comer carne, siempre y cuando los animales tengan una vida decente antes de que se los mate.

El problema, como Jim Mason y yo lo describimos en nuestro reciente libro The Way We Eat, es que la agricultura industrial niega a los animales incluso una vida mínimamente decente. Decenas de miles de millones de pollos producidos en la actualidad nunca salen al aire libre. Se los cría para que tengan apetitos voraces y engorden lo más rápido posible, y luego se los coloca en cobertizos que pueden contener más de 20.000 aves. El nivel de amoníaco de sus excrementos acumulados hace el aire tan alcalino que provoca picazón en los ojos y daña los pulmones. Cuando se los mata, con apenas 45 días de vida, sus huesos poco desarrollados apenas pueden soportar el peso de sus cuerpos. Algunos caen y mueren al poco tiempo, incapaces de lograr acceso a los alimentos o el agua; su destino es irrelevante para la economía de la empresa como un todo.

Las condiciones son peores (si es posible imaginarlo) para las gallinas ponedoras, embutidas en jaulas de alambre tan pequeñas que incluso si hubiera una por jaula sería incapaz de estirar las alas. Pero por lo general hay al menos cuatro gallinas por jaula, y a menudo más. En condiciones tan atestadas, lo más probable es que las aves más dominantes y agresivas terminen matando a picotazos a las gallinas más débiles de la jaula. Para evitar esto, los productores cortan los picos de las aves con una cuchilla caliente. El pico de las gallinas está lleno de tejido nervioso -después de todo, es su principal medio de relacionarse con su entorno- pero no se usan anestésicos ni analgésicos para aliviar su dolor.

Es probable que los cerdos sean los animales más inteligentes y sensibles que comemos normalmente. Al forrajear en un pueblo rural, pueden ejercitar esa inteligencia y explorar su variado ambiente. Antes de parir, las puercas usan paja u hojas y ramitas para construir un nido cómodo y seguro en el que cuidar a sus lechones.

Sin embargo, en las granjas industriales de hoy las puercas preñadas son mantenidas en cajas tan estrechas que no pueden darse la vuelta o caminar más de un paso hacia adelante o atrás. Yacen sobre hormigón, sin paja, hojas ni ninguna otra forma de lecho para sus crías. Los lechones les son arrebatados lo antes posible, para que puedan quedar preñadas nuevamente; su destino es no salir nunca del cobertizo, excepto para ser llevadas al matadero.

Los defensores de estos métodos de producción argumentan que son una respuesta lamentable pero necesaria a la demanda de alimentos de una población en crecimiento. Por el contrario, cuando confinamos animales en granjas industriales, tenemos que producir alimentos para ellos. Los animales queman la mayor parte de esa energía de los alimentos en el proceso de respirar y mantener tibios sus cuerpos, de modo que a nosotros nos llega una pequeña fracción -por lo general no más de un tercio, y a veces hasta un décimo- del valor nutritivo con que los alimentamos. En contraste, las vacas que pastan consumen un alimento que nosotros no podemos digerir, lo que significa que son un aporte a la cantidad de alimentos a nuestra disposición.

Es trágico el hecho de que países como China e India, a medida que se vuelven más prósperos, estén copiando los métodos occidentales y poniendo a los animales en enormes granjas industriales para suministrar más carne y huevos a sus crecientes clases medias. Si esto continúa, el resultado será un sufrimiento animal a una escala incluso mayor que la que hoy existe en Occidente, así como más daño al medio ambiente y un aumento en las enfermedades cardiacas y los casos de cáncer al sistema digestivo.

También será un sistema enormemente ineficiente. Como consumidores, tenemos el poder -y la obligación moral- de negarnos a apoyar métodos agropecuarios que son crueles con los animales y perjudiciales para nosotros.

Autor: Peter Singer  (profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y autor,
junto con Jim Mason, de The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter).
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30 marzo, 2010 at 3:35 pm 7 comentarios

La Tuxiña coge de nuevo las maletas…

A la vuelta os dirá dónde ha estado, mientras se despide cantando una canción típica de su lugar de destino…

“Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma

y antes de morirme

quiero echar mis versos del alma.

Con los pobres de la tierra

quiero yo mi suerte echar,

y el arroyo de la sierra me complace

más que el mar”.

¿lo habéis acertado? 🙂

19 marzo, 2010 at 10:00 am 4 comentarios

Celebrando con una sonrisa!

Tengo plata en los cabellos.
Tengo oro en los dientes.
Tengo arena en los riñones.
Tengo azúcar en la sangre.
Tengo cataratas en los ojos.

Tengo cristales en el pis.
Tengo piedras en el hígado.
Tengo prótesis de platino.
Tengo plomo en la sangre.
Tengo agua en las rodillas.

Tengo hierro en las articulaciones.
Y Tengo una fuente inagotable de Gas Natural.
¡¡¡¡Nunca pensé que a partir de los 40 se pudiera llegar a tener tanta riqueza!!!!

Mafalda


18 marzo, 2010 at 10:00 am 6 comentarios

Croquetas de coliflor con tostas de humus

A veces con unos restos que tenemos casi olvidados por la nevera o despensa se pueden hacer unos platos riquísimos, este es el caso de unas croquetas con media coliflor que me había sobrado de otra comida y unos garbanzos que había cocido el día anterior. Para aprovechar ambas cosas y que se complementaran preparé unas croquetas acompañadas de tostas de humus y tomate natural.

El resultado ya lo veis ¡¡super-apetitoso!!

Ingredientes para las croquetas de coliflor (ecológicos*): media coliflor – una patata mediana – parmesano rallado – una poquita leche de soja – pimienta blanca – sal – pan rallado – huevo

Con las manos en la masa: Cocemos al vapor la coliflor y la patata cortada en trocitos pequeños y cuando estén listas, las trituramos con la ayuda de un tenedor haciéndolas puré. Salpimentamos y añadimos el parmesano. Mezclamos bien y dejamos que enfríe la masa.

Mientras en el vaso de la batidora preparamos el humus según la receta que ya os tengo comentado (pinchad aquí). Lo untamos sobre unas rebanadas de pan casero y por encima unas lonchas de tomate y metemos al grill del horno hasta que el tomate empiece a pochar un poquito.

Una vez tenemos la masa de las croquetas fría, hacemos bolas con la ayuda de una cuchara y las pasamos por huevo y después por pan rallado. Las freiremos en aceite bien caliente, finalmente servimos una buena ración de croquetas con un par de tostas y tendremos una cenita rica y nutritiva.


16 marzo, 2010 at 5:18 pm 6 comentarios

Budín de pan con aroma de naranja

Hoy toca receta de “retales”, aprovechando restos de pan que me quedaron de la semana pasada. Con ellos preparé un budín riquísimo de pan para degustar como postre o casi mejor como merienda, porque es bastante contundente después de una buena comida.

Ingredientes (ecológicos*): Pan duro – azúcar moreno de caña –  leche vegetal (en este caso utilicé leche de coco) – zumo de naranja –  ralladura de naranja –  dos huevos – una nuez de mantequilla derretida – uvas pasas mojadas en licor – caramelo (hecho con azúcar moreno y un chorro de zumo de naranja).

Con las manos en la masa: Dejamos en remojo el pan cortado en trozos en leche durante media hora más o menos. Escurrir y aplastar con un tenedor, luego añadir la mantequilla derretida, el azúcar y las uvas pasas. Seguidamente batimos los huevos y añadimos al conjunto. Batimos todo a mano hasta que quede una masa homogénea. Cogemos un recipiente para horno y lo bañamos de caramelo que hicimos como os indiqué anteriormente y vertemos la masa. Precalentamos el horno y cocinamos a 180º una media hora y desamoldamos y rallamos una cáscara de naranja por arriba.

8 marzo, 2010 at 11:46 pm 6 comentarios

Armonía Dinámica

Habitualmente, se interpreta la salud como “ausencia de enfermedad” y mientras no padece anomalías detectables la mayoría de la gente afirma: “estoy sano”. Otro estilo típico consiste en ingerir alimentos y bebidas potencialmente perjudiciales y, al no advertirse impactos dañinos se dice: “Tengo una salud de roble”. Pero cuando aparecen las averías, casi siempre resulta difícil volver al estado inicial de “rozagante impunidad”.

Al mismo tiempo, por una natural marcha de todo lo viviente, todos nacemos, nos desarrollamos y nos vamos de este mundo cumpliendo una de las inconmovibles leyes de la existencia. Con el paso de los años, los signos de dicho proceso se van haciendo evidentes: canas, arrugas, crujidos en las articulaciones, molestias musculares. Pero así como no hay modo de impedir el envejecimiento natural, hay maneras de dilatar los procesos implícitos en el paso del tiempo. Los recursos para ello no son mágicos sino que dependen de una disciplina individual centrada en la alimentación integral, la reactivación corporal mediante ejercicios físicos y una oxigenación plena y, aunque a algunos les parezca superfluo, una incentivación de las vivencias espirituales.

Claro está, no todos están predispuestos a tal dinámica. En cambio, si después de una insensata comilona los ataca un tremendo malestar, recurren a un fármaco estabilizador. O si consideran que no disponen de tiempo “extra”, tragan sin cesar suplementos vitamínicos y vegetales como si por sí mismos estos productos fuesen panaceas milagrosas.

Es oportuno señalar que lo más usual en los procesos de deterioro progresivo del cuerpo humano proviene de una desordenada ingestión de alimentos que en sí mismos no son reprochables, pero que en la química estomacal manifiestan entre sí una socavante incompatibilidad, según sus componentes ácidos o alcalinos. Por ejemplo, tubérculos como las papas o las batatas no se llevan nada bien con la mayoría de las legumbres (garbanzos, porotos, lentejas, habas, soja o arvejas), los cereales (avena, cebada, centeno, trigo, arroz y maíz), la leche, el limón o las frutas dulces o ácidas desecadas. Hortalizas como la berenjena, la zanahoria, el pepino, la coliflor o el zapallo no poseen compatibilidad con la miel, la leche o el yogur. Y a su vez, la miel no tiene buenos vínculos con las verduras y los brotes, las oleaginosas (almendras, avellanas o nueces), el tomate o los huevos. En los últimos años, la medicina de oligoelementos ha advertido por añadidura sobre el potencial acidificador (envejecedor) de la sangre por parte de las papas, la leche, los tomates, las cebollas y el jugo de naranja. Claro está, todo ello exige tomar en cuenta la naturaleza química de cada ser humano, asunto muy bien estudiado por la medicina ayurvédica de la India. Toda persona que anhele prolongar al máximo los dones de su “juventud” debería establecer consigo misma una serie estricta de compromisos alimentarios a largo plazo. Lo cual no es sinónimo de privación, sino de armonización. Los expertos en la materia destacan que la ingestión de alimentos hiper-nutritivos durante la juventud permiten prolongar la plenitud vital hasta edades muy avanzadas: ya sea física, mental o sexualmente.

Uno de los más tenebrosos agujeros negros de esta historia se halla en los restaurantes de “comidas rápidas” donde no sólo es dudoso el contenido nutritivo de los alimentos allí ofrecidos, sino que al mismo tiempo el tipo de aceites y grasas por ellos acarreados tienen un serio impacto en los procesos fisiológicos de la mayoría de los jóvenes que los frecuentan. De allí los matices de “envejecimiento prematuro” que muchos médicos clínicos advierten en gente joven que los consulta, sin olvidar que recientes estudios efectuados en Estados Unidos demostraron que como consecuencia de la ingestión sistemática de “comidas basura” hay cada día más niños y jóvenes con acumulación de colesterol en su sangre, y con la consiguiente complicación en sus arterias coronarias.

Así como el fenómeno que llamamos salud es un proceso armónico, del mismo modo no se envejece de un día para el otro. Nutricionistas de la universidad estadounidense de Boston afirmaron hace poco que “los problemas que aparecen en las personas mayores en cuanto al nexo entre la nutrición y el envejecimiento, desde los males cardíacos hasta la osteoporosis, comienzan a configurarse durante los años juveniles. No envejecemos de repente: el proceso es muy largo y progresivo.”

Queda claro, entonces, que el alimento es una especie de ladrillo del edificio Salud. Y los especialistas no se cansan de advertir contra el consumo de cremas fermentadas y papas fritas en los restaurantes “rápidos”, donde las hamburguesas ensobradas entre dos rebanadas de pan blanco (sin fibras) inducen la constipación, fenómeno crónico que cuando se sobrepasan los sesenta años se convierte en diverticulitis. Al mismo tiempo, jugos y gaseosas saturados de azúcar son el punto de partida de gran parte de la decadencia dental y la osteoporosis, por más que las etiquetas ostenten la leyenda “enriquecido con vitaminas”.

A la inversa, los minerales contenidos por las verduras orgánicas, los insumos ricos en calcio, las fibras de los granos integrales y los zumos naturales de frutas, agilizan los procesos digestivos y dinamizan el movimiento del vientre, evitando la acumulación de toxinas “cadavéricas”. De paso, los antioxidantes de los vegetales y las frutas neutralizan los “radicales libres”, subproductos de la química del organismo que socavan la salud de las células, los tejidos y el ADN. Nuestras mentes están demasiado fragmentadas como para permitirnos ver que la armonía terrena y cosmológica son relevantes para el pensar correcto y la buena salud. La tragedia de la cultura consumista moderna y de la mente occidental desde el Renacimiento, ha sido nuestra incapacidad de generar visiones del mundo que realcen la vida y nos fortalezcan en nuestras batallas cotidianas, incluyendo el cuidado de nuestra salud y de nuestra integridad mental-espiritual. Las filosofías orientales jamás perdieron de vista esas labores supremas, y a eso se debe su fortaleza perdurable.

El tema básico es más sencillo que lo que algunos imaginan. Un estudio del Instituto Estadounidense del Cáncer sostuvo no hace mucho que las mujeres que ingieren una dieta rica en frutas y vegetales frescos (no congelados), granos integrales y (eventualmente, los carnívoros) carnes muy magras, tienen un 30 por ciento menos de los “males” que generacionalmente afectan y diezman a las mujeres de edad avanzada en Estados Unidos. El seguimiento médico se hizo durante seis años y si bien hay otra multitud de factores emocionales, laborales y de herencia familiar que deben ser tomados en cuenta a la hora de las conclusiones, desde tiempos muy antiguos se sostiene que “somos lo que comemos” y que nuestra infraestructura vital se resiente si no mantenemos bien equilibrados todos los procesos fisiológicos. En cada instante de nuestra existencia sobre la tierra.

Entonces, recapitulemos: respirar integralmente, nutrirse cabalmente, hidratarse habitualmente, abrirse a la luz solar, amar tiernamente y espiritualizarse intensamente, es la máxima dieta que existe.

Fuente: Revista El Vegetariano
Autor: Miguel Grinberg, escritor, periodista, instructor de meditación tibetana

6 marzo, 2010 at 1:36 pm 3 comentarios

Sólo el amor…

La energía, la pasión, la confianza… en definitiva, sólo el amor que ponemos en todo aquello que emprendemos hace que todo tipo de iniciativa o sueño se haga más llevadero y a la vez más real.

No es coherente que luchemos por algo en lo que no creemos, pero también es cierto que aunque lo intentemos y no consigamos resultados todo lo rápido que quisiéramos… ese tiempo de espera también es digno de amar y tener en cuenta, porque en ese tiempo seguramente están empezando, sin saberlo, a germinar las semillas que sembramos.

Cualquier intento merece la pena si se hace con amor y desde la absoluta confianza y firmeza de lo que se está haciendo.

Esta reflexión no es más que otro guiño para animarte a perseguir tu sueño y sobre todo a que pienses que por el camino hay que mantener siempre una mirada llena de amor y confianza sin apartarla de nuestro sueño.

Os dejo una canción muy inspiradora de Silvio Rodríguez, titulada Sólo el amor (¡gracias Elis!)

Debes amar la arcilla que va en tus manos.
Debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas que será en vano:
sólo el amor alumbra lo que perdura,
sólo el amor convierte en milagro el barro.

Debes amar el tiempo de los intentos.
Debes amar la hora que nunca brilla.
Y si no, no pretendas tocar lo cierto:
sólo el amor engendra la maravilla,
sólo el amor consigue encender lo muerto.

5 marzo, 2010 at 9:00 am 2 comentarios

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La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes. John Lennon (1940-1980)

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