Cuidado con lo que anhelas…

24 enero, 2010 at 11:44 am 6 comentarios

Estoy empezando a leer un libro al que le tenía ganas desde hace algún tiempo. Se titula Palabras para el Bienestar (un camino hacia la armonía interior y la plenitud vital) y su autora Concha Barbero, la cual tengo el placer de tenerla entre mis curiosill@s y cuyos comentarios son muy valiosos para mí.

Cuando termine con su lectura haré una entrada sobre el libro y mi opinión  sobre él y lo incluiré en la sección Lectura recomendada (bueno, lo incluyo desde ya!). Pero hoy os voy a adelantar un pequeño aperitivo para que penséis sobre ello, se trata de una antigua parábola india que nos muestra el poder de nuestra mente.

Cada uno de nosotros está tejiendo (muchas veces inconscientemente) su propio mundo, nuestra mente es nuestro árbol mágico de los deseos. Todos nuestros pensamientos crean nuestro propio mundo, y esos pensamientos pueden crear nuestro cielo o nuestro infierno. Pero una cosa tenemos que tener clara y es que no hay nadie que nos “torture” más que nosotros mismos. Si llegamos a ser conscientes de esto, las cosas comienzan a cambiar. Porque podemos modificarlo, transformar nuestro infierno en cielo… tan solo se trata de “pintarlo” con una visión diferente.

Os presento la parábola (KALTAPARUS: “El árbol de los deseos“) que Concha recoge en su libro:

“Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error. En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos, se llaman KALTAPARUS. Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple no hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.

El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos. Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo: “¡Tengo tanta hambre! Ojalá pudiera tener algo de comida”. E inmediatamente apareció la comida de la nada simplemente flotando en el aire, una comida deliciosa. Tenía tanta hambre que no prestó atención de dónde había venido la comida. Cuando tienes hambre, no estás para filosofías.

Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa! Una vez que su hambre estuvo saciada, miró a su alrededor.Ahora se sentía satisfecho. Otro pensamiento surgió en él: “Si tan sólo pudiera tomar algo!” Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso, de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.

Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse: “Qué está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?” Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos. Comenzó a temblar y pensó: “Seguro que me matan!” Y lo mataron.”

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Entry filed under: Relatos y reflexiones, Salud.

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6 comentarios Add your own

  • 1. Chousa da Alcandra  |  24 enero, 2010 en 11:54 am

    Moito hai de certo nesa parábola. Abonda con lembrar, por exemplo, se algunha noite non se da conciliado o sono e empezas a “moer” un pequeno problema que acaba tomando dimensións de irresoluble e transformando unha nimiedade nunha montaña…

    O dominio e coñecemento da propia mente é a chave para moitísimas portas da ledicia. Non hai duda.

    Un bico dende o ceo (terrenal)

  • 2. Rocío  |  24 enero, 2010 en 12:08 pm

    Chousiña (¿permítesme o diminutivo cariñoso?) que razón tes!! a miudo facemos montañas de simples graos de café, pero penso que é parte da condición humana. Estou segura de que os animaliños non teñen estas comeduras de “tarro” nas que nos perdemos nós, e mira que felices son… si os deixamos.

    Tarefa complicada a de coñecer ben a nosa propia mente pero moi interesante… de aquí unha reflexión “colateral”… ¿cómo somos capaces de xulgar a outros se nos mesmos as veces non sabemos ben porque actuamos de certo xeito?

    En fin… a seguir adentrándonos na nosa testa 😉

    Saudos dende baixo a miña árbore!

  • 3. Concha Barbero  |  27 enero, 2010 en 2:21 pm

    Mil gracias, Rocío.

    Desde que escribí ese libro, he aprendido algunas cosas, pero su redacción partió de una experiencia sincera.

    Un beso

  • 4. Rocío  |  27 enero, 2010 en 2:32 pm

    Hola Concha!

    He empezado a leer tu libro y me estaba gustando tanto que de repente sentí la necesidad de prestárselo a una persona cercana que está teniendo un problema, con la confianza de que le pueda ayudar y ver alguna cosa en la que falla desde otra perspectiva. Nunca me había pasado esto, pero… me pareció que estaba haciendo lo correcto.

    Cuando vuelva a mis manos y acabe de leerlo, lo comentaré como se merece.

    Un besito!

  • 5. Concha Barbero  |  27 enero, 2010 en 7:50 pm

    Pues eso que has hecho me encanta.

    Y ya me siento gratificada con lo que has comentado, Rocío.

    Ese libro quizás no te “enseñe” mucho ya, porque te veo bastante armonizada 🙂 Lo que sí sé es que estarás en sintonía conmigo.

  • 6. Rocío  |  27 enero, 2010 en 9:21 pm

    😉

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