Déficit de Naturaleza

7 julio, 2009 at 1:18 am 8 comentarios

La era de la informática y la comunicación nos otorga muchos beneficios pero tiene su contraparte negativa. Entre las nuevas amenazas está la adicción a Internet y el síndrome de déficit de naturaleza que puede estar afectando el futuro de muchos niños.

Fue Richard Louv, periodista y prolífico autor, el que inventó el término y lo hizo popular a través de su libro “El último chico en el bosque”. La denominación “déficit de naturaleza” busca retratar una carencia de peso en la infancia del siglo XXI que casi no necesita explicación. Todas las personas mayores en la actualidad saben destacar las diferencias entre sus aventuras infantiles y los juegos que hoy atraen a los niños. Todos los adultos sabemos lo que es embarrarse y trepar a un árbol (y la gran mayoría lo evoca con una añorada nostalgia), algo que los niños de hoy en día miran con reticencia. Y somos varios los que nos preguntamos con frecuencia si no es insalubre que la generación más joven no estimule su imaginación en espacios abiertos. Louv decidió indagar en esto cuando investigaba para su libro “El futuro de la infancia” y descubrió que la falta de contacto con la naturaleza tiene efectos físicos y psicológicos en las personas.

Los niños pasan demasiado tiempo encerrados. Van de la casa a la escuela, a centros de actividades y a casa otra vez. Entienden más que sus mayores de tecnología y muestran mayor facilidad para adaptarse al cambio. En muchas cosas parecen ser más “avispados” de lo que éramos nosotros a su edad o hasta, quizás, más inteligentes. Sin embargo, esta “madurez” prematura les está jugando en contra. Cada vez son más comunes el síndrome de déficit de atención y la obesidad infantil y hay otros efectos como el estrés o la depresión que pueden estar ligados con la falta de naturaleza en sus vidas. Cuando un niño se golpea o corta en la actualidad, los padres se alborotan; en seguida van al médico y lo llenan de remedios, vendas y cuidados. No es que esté mal cuidar a nuestros hijos, pero estamos ejerciendo una sobre protección que ignora nuestras propias experiencias. En las “infancias viejas” (allá por los 70’s u 80’s) sufríamos raspaduras regularmente, muchos nos hemos fracturado cayendo de árboles o rodando por pendientes, cortado con botellas rotas o clavos oxidados. Muchos veíamos más la aguja de una vacuna antitetánica que la que nuestras madres usaban para tejer y sin embargo aquí estamos: sanos y salvos, llenos de experiencias y saludables (y agradables) memorias. Louv destaca que no son las ciudades y la tecnología los únicos responsables del déficit de naturaleza; los padres forman parte de las causas. La inseguridad social creciente los obliga a remarcar más que nunca el “no hables con extraños” y limitan el esparcimiento de sus hijos a un área marcada y conocida, a moverse en automóvil y no salir mucho de casa.

En el libro “El último chico en el bosque” Louv sugiere que los niños que son expuestos a la naturaleza muestran mejoras intelectuales, espirituales y físicas en comparación a los que se mantienen encerrados. Las actividades en la naturaleza probaron disminuir el estrés, aguzar la concentración y promover resoluciones creativas a problemas. Louv y varios investigadores más consideran que ésta es una buena terapia para el síndrome de déficit de atención y otros males que afectan a los niños. Louv va un poco más allá, sugiriendo que mientras aumentar la exposición de los niños a la naturaleza puede ayudarlos a centrarse, la existencia de desórdenes es evidencia de que dos generaciones de alienación pueden haber resultado en un daño considerable ya hecho a nuestros niños. Y es que el periodista no olvida destacar que, más allá de los pequeños, a los mayores también nos hace bien un poco de verde en nuestras vidas.

El libro de Louv cita la evidencia de que los niños necesitan de la naturaleza para desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad. Estudios en Estados Unidos, Suecia, Australia y Canadá han demostrado que los chicos que juegan en escenarios naturales (con ríos, campos y árboles) son más propensos a crear sus propios juegos y mostrar mayor cooperación que aquellos que juegan en escenarios armados. Y es que en los ambientes controlados no hay verdadera experimentación ni riesgo. Aunque, precisamente, el riesgo es lo que los padres desean evitar, es lo que más nos enseña y estimula la creatividad a la hora de encontrar soluciones.

El déficit de naturaleza no es una enfermedad que requiera de pastillas o tratamientos inclementes. Por el contrario, puede solucionarse recuperando esa costumbre perdida que tan bien nos hizo cuando nosotros fuimos pequeños.

Los chicos de ahora aprenden de naturaleza en sus libros y entienden más sobre la selva amazónica de lo que nosotros comprendíamos años atrás. Pero la falta de contacto con la naturaleza intelectualiza el aprendizaje y los vuelve desapegados. Y son ellos los que deberán luchar por preservarla de aquí a unos años.

Es hora de volver a encarrilar nuestra unión con la naturaleza. Tanto la de nuestros niños como la propia.

familia_naturaleza

Texto de: Constanza Villanueva


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8 comentarios Add your own

  • 1. Rocío  |  7 julio, 2009 en 1:18 am

    Totalmente de acuerdo con el artículo de Constanza Villanueva. Puede que los niños de ahora tengan más conocimientos sobre la naturaleza pero ¿de qué les vale si no han crecido en contacto con ella? ¿acaso puedes apreciar aquello de lo que te hablan pero que jamás has probado ni experimentado?

    Creo que con tanta tecnología y materialismo se les está robando a los niños parte de su infancia.

    Ojalá los parques aparte de viejecitos y palomas (con el mayor respeto por ambos) se llenaran de niños, jugando y disfrutando de la libertad como en tiempos pasados.

  • 2. inigo  |  7 julio, 2009 en 7:54 pm

    Hola cousiñas y cia:

    Totalmente de acuerdo y cuanto hablamos de ese tema la mayoría de gente de mi edad.
    Otra influencia negativisima, es la mala alimentación que se le da a los niños (sea por influencia televisiva o por cosas similares…)

    Ahora que se puede conseguir alimentos de todo el mundo y alimentos fuera de su estación (estos son los mejores y mas Baratos).
    En fin estas cosas se pueden evitar, todo depende de los valores de los padres sobre la voluntad de sus hijos.

    Saludos.
    p.d. que bien me caes……

  • 3. Chousa da Alcandra  |  7 julio, 2009 en 9:26 pm

    Desconectarnos de la naturaleza es apagar unha buena parte de la música vital de nuestra vida, como perder parte del oido, de la vista, del gusto…y también de un estímulo sensitivo magnífico.
    Hay excesos en exceso (vengo redundante); parece -por tanto- absurdo que pretendamos prescindir del contacto con nuestro hábitat natural.

    Biquiños naturais!!

  • 4. Rocío  |  7 julio, 2009 en 10:47 pm

    Buenas noches Inigo!

    Si perteneces a la generación en la que jugábamos en la calle con los amigos, disfrutábamos de tardes enteras al aire libre compartíamos juegos, andábamos en bici, trepábamos por los árboles etc, etc… entonces se que apreciarás más la llamada a la reflexión que hace este artículo.

    La alimentación es otro factor muy importante en el desarrollo, crecimiento y salud de los niños y ha sido otro cambio abismal en comparación con nuestra generación. A nosotros nos preparaban bocatas de jamón, chorizo, chocolate, nocilla, fruta… ahora las mamis “modernas” lo han cambiado por bollicaos y todo tipo de snacks preparados, quizás por comodidad o por falta de ¿tiempo?. Es lógico que la salud de los más pequeños se esté resintiendo también con estos malos hábitos.

    En cuanto a lo que dices de que los alimentos que provienen del extranjero y fuera de su estación pienso que ni son necesarios ni pueden ser sanos. Cada alimento, sea fruta, legumbre, verdura… debe tomarse en su estación de lo contrario estaremos ingiriendo productos desnaturalizados y conservados artificialmente. Yo personalmente apuesto por el comercio local y por ende por el consumo de alimentos naturales y de la estación. Pero este podría ser otro debate muy interesante…

    Por supuesto que los padres deben involucrase 100% en la crianza de los hijos, dedicándoles el tiempo necesario y no suplantándolo con todo tipo de “antojos materiales”. Pasar un día en el campo en familia, disfrutando de la naturaleza, comiendo sano y compartiendo juegos con los hijos, eso NO TIENE PRECIO.

    Un saludito!

  • 5. Rocío  |  7 julio, 2009 en 10:59 pm

    Boas noites Chousa!

    Me ha encantado tu comentario, has estado de lo más inspirado y elocuente. Estoy segura que también has pertenecido (por suerte) a la generación del bocata de chorizo y los juegos al aire libre, y pensar que ahora los niños no saben de dónde viene la leche o que forma tienen los tomates… ¡que pena! aunque estoy segura que tarde o temprano volveremos (como bien dices) a nuestro hábitat natural.

    Unha aperta fresca e natural 😉

  • 6. luismi  |  8 julio, 2009 en 11:09 am

    Hola querida amiga… ya te iré contando como vamos educando a nuestra niña… Tanto mi mujer como yo, vemos la necesidad de relacionarse tanto de personas como de lugares naturales, que la niña vaya descubriendo el valor de una simple piedra o de un nacimiento de agua… la importancia de la cercanía con árboles, y plantas…

    Gracias por tu amistad y por tus palabras
    un abrazo
    lluis

  • 7. Rocío  |  8 julio, 2009 en 1:18 pm

    Estoy segura de que Noa crecerá sin “déficit en nada” y mucho menos de amor ni de buenas y nobles pautas para vivir una vida plena y respetuosa.

    Un abrazo para toda la familia Lluis!

  • 8. inigo  |  8 julio, 2009 en 3:39 pm

    Buenas tardes cousiñas:

    En ref. a tu comentario indicarte que lo que yo quería decir sobre los alimentos de temporada, es que son los mejores y encima son los más baratos. ( P.e. los tomates de estas fechas saben a tomate y los de invierno a plastico).
    también queria decir que es ahora cuando tenemos gran cantidad de productos de todas las partes del mundo.
    Antes no los teniamos. Sin enbargo creo que estabamos mejor alimentados.
    La cocina y la comida es también cultura. Por eso existe la cultura basura y la cocina basura.

    Indicarte que yo soy de la mal llamada generacón x. tengo 36 tacazos. Y por supuesto que nos hemos criado en la calle, ya que antes se podia.

    felicidades por lo que celebras y veintemil besos. Uno por cada visita. Ten en cuanta que:
    algo más que curiosidad despertarás en la gente.( y a los hechos me remito)
    Creo que los mereces.

    AHH¡¡¡¡ cuando se me ocurra algo ingenioso te lo enviaré sin dudarlo ( atenta que ya se me está ocurriendo…..)

    P.d. ayer fui a dormir pronto ya que tengo jornada laboral de mañana y durante 7 dias seguidos.

    saludos y a lo dicho…….

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